Atender a un paciente con infarto del miocardio no es tarea fácil y mucho menos cuando este paciente es un joven de 34 años que tiene toda una vida por delante. Este es el paciente más joven que he atendido, cuando fui contactada por su familiar y ya que se encontraba en un hospital de la periferia del país fue trasladado por su propio padre, un señor de más de 80 años, que de forma inmediata no pensó más y decidió traer a su hijo en la oscuridad de la noche, para comprobar que efectivamente estaba teniendo fuerte dolor en el pecho por causa de un infarto.

Es de esperar que la familia se hicieran muchas preguntas: ¿por qué le dio un infarto a mi hijo?, ¿herencia? Sabemos que el infarto del miocardio tiene un factor hereditario importante, que hace que más personas lo presenten pero que tiene que haber una combinación de ciertos factores  de riesgo que están en el ambiente como; nivel alto de colesterol, estrés, tabaco y drogas, entre otros, para este se geste.

En cuanto a la herencia podemos decir que una persona que tiene un padre que le dio un infarto antes de los 65 años,  tiene 7 veces más posibilidades de que también le dé un infarto pero si fue a la madre y ella era menor de 55 años;  esta le trasfiere 5 veces más probabilidades de sufrirlo.

Hoy en día se conoce que hay cambios también a nivel de ADN de un individuo y estos los hace más propensos sin que en su árbol genético exista la historia de cardiopatía isquémica. El problema es que esta enfermedad, la ateroesclerosis; se desarrolla de forma silente, lentamente progresiva desde edades muy tempranas, y que su primera manifestación puede cursar de forma súbita en un evento irreversible: muerte o infarto de miocardio.

¿Qué pasó durante el crecimiento de este joven en el hogar y/o en la escuela que contribuyó a este padecimiento? Nuestro paciente en cuestión, se confesó amante de los tamales, pupusas, panes y quesadillas en grandes cantidades lo que conllevó a un serio problema de obesidad y que terminó en un evento irreversible del cual logró salir con vida.

Los factores ambientales cada día están en incremento y no respetan edad; por ejemplo alrededor de 3 millones de adolescentes fuman, y alrededor de 4.000 adolescentes adquieren el hábito todos los días. Es más, la mayoría de nuestros hijos que fuma adquiere el hábito antes de terminar la escuela secundaria.

La obesidad otro de los factores significativos y que se ha convertido en un problema de salud mundial, en los niños es peligrosa, porque los investigadores creen que las células grasas que adquirimos en la niñez permanecen en el organismo al llegar a la edad adulta.

Los niños que llegan a la adolescencia obesos tienen más probabilidades de ser adultos obesos, prevenirla en la niñez puede reducir el riesgo de obesidad en la edad adulta.

La inactividad física (sedentarismo), es uno de los principales riesgos cardiovasculares. No practicar ejercicios favorece el aumento de colesterol, presión arterial alta, obesidad y diabetes

¿Qué podemos hacer como padres para cambiar el destino de nuestros hijos?

Bueno la herencia no la podemos cambiar pero esto solo determina el 20% de que esto le pase a un hijo. Los médicos de atención primaria, pediatras, padres de familia y los mismos jóvenes no podemos quedarnos mirando como suceden estos casos y debemos actuar desde muy temprana edad:

  • Como padres, si logramos que los niños pueden evitar el cigarrillo en la escuela, probablemente nunca adquieran el hábito de fumar
  • Los padres no deben ser complacientes y dar una alimentación rica en grasas saturadas, con azúcares, con pocas verduras, y con exceso de calorías.
  • Los jóvenes ya emancipados, deben cambiar estos hábitos y no pensar que estas enfermedades llegarán cuando estén adultos.
  • Si su padre o madre padeció un infarto debe acudir a temprana edad a un especialista para ser evaluado y calcular el riesgo que tiene de padecerlo.

La Asociación Americana del Corazón (AHA) aconseja que todos los niños mayores de 5 años de edad realicen por lo menos 30 minutos de ejercicio todos los días. El médico del niño generalmente podrá ayudarlo con un plan de dieta y ejercicio que incluya objetivos razonables de adelgazamiento, cambios en el estilo de vida y el apoyo y participación de la familia.

La respuesta es clara: no estamos suficientemente convencidos de que nuestro estilo de vida es la causa primaria de la enfermedad del corazón, de la muerte por enfermedad cardiovascular. Por lo anterior no debemos desestimar esfuerzos por cuidar el corazón de quienes más queremos: nuestros hijos.

 

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