Durante el crecimiento infantil y hasta la adolescencia somos individuos en constante aprendizaje y desarrollo, dicho desarrollo se extiende más allá del mero aprendizaje de habilidades del habla y habilidades físicas básicas; si entendemos que durante la infancia ese aprendizaje inicia y se potencia dentro del seno familiar, debemos entender entonces que, como cabezas de familia, es nuestra responsabilidad y deber, impulsar y promover dicho aprendizaje. Recordemos que una de las herramientas más elementales del ser humano para el aprendizaje son la observación y la replicación; esta característica es la más utilizada durante la etapa de la infancia; en la que tomamos modelos de comportamiento de nuestro entorno inmediato y repetimos las conductas observadas de manera instintiva. Este mero hecho cotidiano, es uno de los principales conflictos al que nos enfrentamos como padres de familia al momento de querer modificar las actitudes de nuestros hijos, si no nos volvemos sus referentes.

En la actualidad, y ante el creciente problema del sobrepeso y obesidad, productos del sedentarismo y malos hábitos alimenticios, que han acarreado con el incremento de personas que sufren de diabetes o enfermedades cardiovasculares como la hipertensión, también ha tenido como consecuencia la búsqueda, pero sobre todo la práctica de estilos de vida más saludables para los que la actividad deportiva se ha convertido en una de las herramientas más útiles, accesibles y primarias para inculcar en nuestros menores capacidades y aptitudes que les permitan mejorar y optimizar sus condiciones de salud tanto intelectuales como físicas, siempre y cuando se lleve bajo un lineamiento orientado y ordenado, lo que requiere constante participación e interacción de parte de los padres y madres.

La práctica deportiva en familia tiene múltiples beneficios, crea hábitos saludables tanto en los infantes como en los adultos, estos hábitos superan las condiciones físicas y promueven la integración familiar, como grupo familiar se promueve la autoestima, la confianza y la consolidación de la familia como un todo que supera la suma de sus partes permitiendo el apoyo mutuo mediante la creación de vínculos psicoafectivos.

 

Primero veamos, a nivel individual, los beneficios de la actividad física, indistintamente de la edad a la que se practica:

  • Sobre el sistema circulatorio, optimizando del aporte sanguíneo a los músculos y órganos internos, mejorando su funcionamiento y mantenimiento; al mismo tiempo que reduce el riesgo de hipertensión arterial.
  • Sobre el sistema respiratorio, mejora la capacidad ventilatoria de los pulmones, desarrolla una mejor captación de oxígeno por los mismos y reduce los riesgos de eventos asmáticos.
  • Sobre el sistema muscular, incrementa el tono y el metabolismo muscular, reduciendo los eventos de estrés por sobrecarga e incrementa el consumo energético muscular, reduciendo el almacenaje de grasa, lo que lleva a una pérdida de peso.
  • Sobre el sistema óseo, la tensión ósea controlada, incrementa la captación de calcio en el hueso, volviéndolo más resistente; y en los infantes y adolescentes favorece además el desarrollo y crecimiento de los huesos largos, permitiendo un mejor crecimiento.
  • Sobre los sistemas neuronal y endócrino, mejora la producción y captación de insulina, reduciendo el riesgo de padecer diabetes; la liberación de endorfinas disminuye el estrés mental y mejora el estado de ánimo, mejora los ciclos de sueño permitiendo un descanso óptimo y potencia la actividad cerebral, mejorando los estados de alerta y aprendizaje.

Ahora, a nivel familiar, los mayores beneficios se observan en el desarrollo y percepción de aspectos psicosociales; siendo los infantes los más beneficiados, quienes se perciben dentro del círculo familiar no como componentes obligados o forzados de un grupo, sino, como integrantes de un conjunto o de un equipo; lo que favorece el crecimiento de vínculos afectivos, creando confianza como individuos, confianza para con los otros miembros de su núcleo y con la sociedad en general, lo que conlleva a la apertura de nuevos y mejores canales de comunicación, recepción y soporte.

  • Comunicación y recepción, al percibir a la familia como un equipo en el que se busca el desarrollo y beneficio de todos sus integrantes, se trabaja sobre la mejoría de la comunicación y recepción interna, que luego se extrapolará a la sociedad que nos rodea, lo que enriquecerá las habilidades de relación con el medio.
  • Bienestar familiar, con la liberación de endorfinas y disminución de las cargas de estrés producto del día, crearemos una sensación de felicidad y bienestar que nos permitirá crear y disfrutar de las conexiones intrafamiliares, fortaleciendo la familia como núcleo.
  • Unión familiar, las actividades de cooperación y compañerismo desarrolladas en ambientes afectivos y de diversión, incrementan los lazos de integración y unión familiar.
  • Educación, las actividades físicas son una herramienta importante para la enseñanza de valores como el esfuerzo, motivación, trabajo en equipo, inclusión, entre otros; así como para la enseñanza de rutinas y hábitos saludables.

El sentimiento de inclusión y de apoyo familiar que se desarrolla con las prácticas deportivas, es un camino de dos vías con amplios beneficios para todos los integrantes, quienes desarrollando un sentimiento de compañerismo promueven para sí mismos y los demás actitudes y calores de crecimiento. Los mayores se ven como figuras a seguir, lo que los compromete a desarrollar y mantener hábitos saludables y valores que luego trasmitirán a los menores, quienes a su vez verán en los mayores un ejemplo a seguir, comprometiéndose a continuar con los nuevos hábitos aprendidos a desarrollar.

 

CategoríaActividad física

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