Repercusiones del modelo consumista en la salud y en la economía salvadoreña.

Uno de los principios básicos del desarrollo es que la producción y el ingreso deben preceder al consumo.  Por el contrario, cuando la población de un país antepone el consumo a la producción y a los ingresos, el resultado es una sociedad consumista que arruina las finanzas de las familias y deteriora la salud de las personas.

Esto está ocurriendo hoy en El Salvador, a tal punto que somos uno los diez países del planeta en los que el consumo excede a la producción. Esto es el resultado de un modelo económico que además de apostarle al libre comercio, sustituyó los incentivos a la producción por subsidios al consumo. 

El verdadero problema

El problema, sin embargo, no es el consumo, sino el consumismo que, aunque se parecen, no son lo mismo. El consumo es la acción y efecto de consumir bienes y servicios para satisfacer necesidades básicas y otras necesidades secundarias. El consumismo, a diferencia, es la acumulación, compra y  consumo de bienes y servicios  no esenciales, así como la tendencia al consumo excesivo e innecesario de bienes y servicios, aunque sean esenciales. 

En El Salvador el consumismo se expresa en el gasto creciente en una diversidad de rubros tales como: celulares, videojuegos, plasmas, comida rápida, alimentos enlatados, bebidas azucaradas, ropa de marca, tratamientos de belleza, viajes y hasta comida para mascotas. 

Como enfermedad social, el principal efecto del consumismo es el deterioro de las finanzas familiares, lo cual se expresa en deudas crecientes, atrasos en los pagos, hasta llegar a situaciones extremas como el embargo de los salarios o de las propiedades. Sobrada razón tenía Seneca, el filósofo romano, al decir: “Compra solamente lo que es necesario, lo que no necesitas es caro aunque solo cueste un céntimo”.

Cuando el consumo afecta la salud

Casi nadie sabe, sin embargo, que el consumismo también está afectando severamente la salud de las personas. Según la Encuesta Nacional de Enfermedades Crónicas en población adulta de El Salvador de 2015 presentada por el Instituto Nacional de Salud, la prevalencia de enfermedades relacionadas con los malos hábitos alimentarios está aumentando. Según dicha encuesta, dentro de la población de 20 años o más, la prevalencia de sobrepeso afecta ya al 38%, la obesidad al 27%, los elevados niveles de colesterol y triglicéridos al 27%, la diabetes al 13%, la hipertensión arterial al 37% y la insuficiencia renal crónica al 9%.

Causas

Los altos niveles alcanzados por esas enfermedades, según la encuesta, se deben principalmente al desplazamiento del consumo de agua y frutas por bebidas azucaradas y la ingesta creciente de productos no saludables tales como pizza, pollo frito, hamburguesas, papas fritas, pupusas, hot dogs, sandwiches; así como a otros elementos tales como el sedentarismo, la exposición excesiva al sol y a agroquímicos y al elevado consumo de sal, antiinflamatorios y de plantas medicinales con efectos nefrotóxicos.

Proféticas resultan al respecto las palabras de Monseñor Romero quien decía: “esta es la enfermedad más terrible: ser víctima de la sociedad de consumo”

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