Es importante distinguir que existen dos clases de insuficiencia renal. Por un lado, tenemos la insuficiencia renal aguda (IRA), que es pasajera y totalmente recuperable si se trata adecuadamente y que es causada generalmente por deshidratación (por fiebre, diarrea o sangrado importante), por enfermedades graves como la sepsis, por algunos medicamentos o por obstrucción de las vías urinarias (por cálculos o problema prostático). Por otra parte, tenemos la enfermedad renal crónica (ERC) que, como su nombre lo indica, es un daño permanente que no se puede recuperar pero que sí se puede controlar si se descubre a tiempo.

Cada riñón tiene aproximadamente un millón de filtros microscópicos que llamamos glomérulos y que son los que limpian la sangre de los desechos del metabolismo diario normal, principalmente urea y potasio, que no deben acumularse en la sangre pues son tóxicos. Los riñones limpian nuestra sangre todo el tiempo y botan estos desechos en la orina. Los glomérulos son ovillos de venas muy pequeñas y delicadas, de hecho, son las más delicadas del cuerpo, junto con las de la retina en nuestros ojos. Por esta razón, la diabetes y la hipertensión arterial dañan tan fácilmente a la vista y a los riñones si no están controladas. Pero además del trabajo de filtro (limpiar la sangre), los riñones realizan muchos otros trabajos, entre los que podemos destacar:

> Los riñones controlan la presión arterial.

> Los riñones producen eritropoyetina, una hormona que comanda que la médula de los huesos produzca sangre para no caer en anemia.

> Los riñones encienden la vitamina D, que es la que controla el calcio y el fósforo de los huesos y de la sangre.

> Los riñones mantienen el equilibrio ácido-base de la sangre.

Muchas cosas pueden dañar a los riñones, pero sus principales enemigos son la presión arterial alta (mayor a 140/90 mmHg) y el azúcar alta en la sangre (glucosa en ayuna mayor a 130 mg/dL). Estos dos factores de riesgo (diabetes e hipertensión) son los más peligrosos para los riñones; de hecho, son responsables del 70% de los pacientes que pierden sus riñones y llegan a diálisis. Desafortunadamente, todas estas enfermedades (diabetes, hipertensión, insuficiencia renal) son casi siempre silenciosas y no dan aviso: no duelen… la única forma de revisarse es tomándose la presión (en el caso de la hipertensión) y realizando exámenes de sangre y orina (en el caso de la diabetes y de la insuficiencia renal). Es necesario remarcar que los riñones no se quejan con dolor sino botando proteínas en la orina (proteinuria), un dato fácilmente detectable mediante una muestra de orina, donde medimos los niveles de albúmina (la principal proteína) y de creatinina, con los cuales calculamos un cociente – la relación albúmina / creatinina (RAC) en muestra de orina al azar – que debe ser menor a 30 milígramos de albúmina por gramo de creatinina en orina.

En un paciente sano, los glomérulos renales filtran aproximadamente 100 mililitros de sangre cada minuto (tasa de filtrado glomerular 100 mL/min). Cuando la glucosa elevada o la presión arterial alta van destruyendo los glomérulos, el filtrado glomerular va disminuyendo poco a poco de forma irreversible, pues los glomérulos dañados se vuelven cicatriz. Entre más pronto diagnosticamos y controlamos un daño renal crónico, menos glomérulos perderemos. La tasa de filtrado glomerular (TFG) se calcula fácilmente con un examen en sangre llamado creatinina. Es importante aclarar que el examen de creatinina no diagnostica insuficiencia renal: solo sirve para calcular el filtrado glomerular, pues la enfermedad renal crónica se define como la disminución del filtrado glomerular persistente por más de 3 meses (si la disminución del filtrado glomerular revierte y se normaliza antes de 3 meses entonces es una insuficiencia renal aguda, no crónica).

Debido a la falta de información, muchas personas piensan que toda enfermedad renal crónica se trata con diálisis, pero esto no es correcto: en realidad, la enfermedad renal crónica evoluciona lentamente por muchos años y tiene 5 “grados” o estadios:

Grado 1: Los riñones están filtrando normal (TFG entre 80 y 120 mL de sangre por minuto) pero ya hay proteínas en orina (RAC mayor a 30 mg/gr) u otros signos de daño renal. En este grado todavía no hay molestias, no se siente nada, y el daño todavía se puede controlar o detener.

Grado 2: El filtrado glomerular empieza a disminuir, los riñones filtran entre 60 y 90 mL/min. Todavía no hay molestias, no se siente nada, y todavía se puede controlar o detener.

Grado 3: Los riñones filtran entre 30 y 60 mL/min. Todavía no hay molestias, no se siente nada, aunque en algunos casos empieza a aparecer anemia, pero todavía se puede controlar o detener.

Grado 4: Los riñones ya solo filtran entre 15 y 30 mL/min. Empiezan a fallar otros trabajos renales: hay anemia, alteraciones del fósforo y calcio (porque los riñones ya no encienden la vitamina D) que pueden producir calambres, piel reseca o picazón y en algunos pacientes (más que todo diabéticos) puede empezar a hincharse la cara. Es más difícil, pero todavía se puede controlar; todavía no se necesita diálisis.

Grado 5: Los riñones filtran menos de 10 a 15 mL/min. En este momento, en el grado 5, es cuando preparamos al paciente para iniciar un tratamiento sustitutivo de la función renal moderno (hemodiálisis o diálisis peritoneal en casa), idealmente antes de que el paciente se ponga mal y se complique por la retención de urea y potasio en la sangre.

En conclusión, la insuficiencia renal se puede detener si se descubre a tiempo. ¿Cómo? Para ello, los nefrólogos utilizamos protocolos internacionales basados en evidencia, como las guías KDIGO. Primero, se debe realizar un buen diagnóstico y establecer en qué grado se encuentra la enfermedad. Luego, se debe determinar cuál es la causa del daño (¿azúcar alta?, ¿presión alta?) y controlar ese factor de riesgo. Por último, existen medicamentos que ayudan a proteger los riñones, a combatir las proteínas en orina y a detener el daño, cuidando los glomérulos que todavía quedan funcionando al momento del diagnóstico pues los riñones son muy trabajadores. El mejor ejemplo de la gran capacidad de trabajo de los riñones es el trasplante, donde removemos un riñón de un donante (disminuyendo sus glomérulos en un 50%) y se lo colocamos al receptor: un solo riñón puede realizar tranquilamente el trabajo de los dos riñones. De igual forma, cuando diagnosticamos a un paciente que todavía no ha alcanzado el estadio 5, con manejo nefrológico adecuado podemos evitar que el paciente llegue a necesitar diálisis más adelante en la vida o al menos enlentecer el avance de la enfermedad.

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