En muchas ocasiones, nos encontramos en momentos en los que debemos tomar decisiones rápido, decisiones importantes, que se sienten como si fueran de vida o muerte, en especial, si son permanentes. Los adolescentes estamos en una etapa de la vida en la que tomamos algunas de las decisiones más importantes, como: ¿Qué estudiaremos?, ¿seguiremos estudiando?, ¿trabajaremos, de qué?, entre otras.

Tomar este tipo de decisiones puede generar ansiedad o miedo, pues tenemos la idea de que si tomamos una decisión, esta será permanente y definirá el resto de nuestra vida, quizá para algunas personas es así. Sin embargo, es un hecho que el futuro es impredecible, no podemos saber qué cosas nos deparan ni cuánto tiempo nos queda o a las personas a nuestro alrededor, por lo tanto, estresarse o tener miedo del futuro no tiene mucho sentido.

En lo personal, apenas tengo 19 años, he tomado ya, decisiones muy importantes para mi vida y sé que tendré que tomar muchas más, al inicio es muy difícil decidir algo sin pensarlo varias veces; hay momentos en los que pensé que si me equivocaba, mi vida se terminaría, que estaría destinada a sufrir o a hacer cosas que no quería o no me apasionaban, pero no es así. Veo atrás y repaso acciones y decisiones antiguas, y sé que todas esas cosas me trajeron a donde estoy ahora.

Cuando recuerdo el pasado, pienso que de nada sirve tanto pensamiento, tanto miedo y ansiedad a la hora de tomar una decisión, pues el futuro es incierto y cada decisión que tomé va a enseñarme algo nuevo. Las decisiones que hemos tomado al analizar nuestro contexto, son las que definen quiénes seremos en el futuro, si nos equivocamos, siempre vamos a poder hacer algo al respecto en el presente; como cambiar de carrera, comenzar a estudiar, trabajar y muchas cosas más. No podemos aferrarnos a una decisión que tomamos años, meses o incluso días atrás, solo por el capricho de no aceptar nuestro error.

Es importante que nos responsabilicemos de nuestro pasado y actuemos conforme a cómo queremos construir nuestro futuro. Esto no incluye solo decisiones personales sino también sobre nuestra salud, decisiones con respecto a nuestras relaciones y muchas otras. Si hay algo que no te gusta de tu vida, por decisiones tomadas en el pasado, el presente es el único momento que tienes para cambiarlo; el presente es cuando puedes decidir qué hacer al respecto. Si no estás conforme con tu salud física, puedes decidir hacer ejercicio ahora, comer saludable ahora, informarte sobre esos temas ahora; si no estás conforme con el estado actual de tu salud mental, puedes ir a terapia ahora, hablar con alguien de confianza ahora; si no estás conforme con la situación actual del planeta, puedes reciclar, puedes ahorrar agua, no tirar basura en las calles o plantar un árbol, ahora.

El pasado no es algo que se pueda cambiar, y en el futuro no sabemos qué cosas vendrán, pero si podemos prepararnos para estas, sean buenas o malas, cambiando nuestras actitudes en el presente, tomando nuevas decisiones para formar una nueva versión de nosotros y que las metas que nos hayamos propuesto para un futuro, estén más cerca.

El futuro no es malo, no debe causarnos miedo o pánico. El futuro se va moldeando con las decisiones que tomemos el día de hoy, las decisiones que tomemos son importantes, pero es casi imposible que sean permanentes.

CategoríaJóvenes en acción

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