“La única cosa que se interpone entre un hombre y lo que quiere de la vida es a menudo simplemente la voluntad de intentarlo y la fe para creer que es posible.” Richard M. Devos.

Desde muy pequeño he sido una persona que se ha envuelto en el área de la salud, esto gracias a mis padres, ya que ellos son personas que han estudiado ramas del área de la salud, por lo cual, desde que nací a la fecha he estado en una familia de médicos, no obstante eso no ha impedido que me haya enfermado en múltiples ocasiones.

Siempre me ha gustado comer mucho, no me podían faltar las comidas fritas como pizza, hamburguesas, dulces, muchos postres, todo ese tipo de alimentos, sinceramente cuando era pequeño nunca vi mal el hecho de comer en exceso, recuerdo que en varias ocasiones mi madre me decía: “Hijo, come menos, quiérete” claro que mi respuesta era la de un niño diciendo: “Mami, porque me quiero como”, sinceramente nunca pensé que el comer tanto y comer desenfrenadamente como lo hacía me llevaría a tantos problemas, no solo de salud, sino de autoestima y en mi relación con otras personas.

Desde que recuerdo tuve sobrepeso, me cansaba con facilidad en actividades físicas, además padecía de problemas en los bronquios, fui creciendo y a medida crecía comía y comía mucho más, cuando estaba en 9° grado tenía un peso inadecuado para mi edad,  fue en ese tiempo más o menos cuando mi mala alimentación empezó a causarme más problemas de salud; durante este periodo, decidí entrar a la selección de baloncesto de mi colegio, claro hacía el intento y hacía ejercicio, pero, a pesar de eso seguía comiendo como si no hubiera un mañana, está demás decir que solo ingería pura comida chatarra, pero realmente, ¿hacía lo correcto?, en mi lógica y mi pensar estaba bien, hacía ejercicio y trataba de animarme, sin embargo, no bajé de peso, no me esforzaba como se debía porque siempre tenía una mala alimentación e inadecuada práctica del ejercicio, pasaron los años y me gradué de bachillerato, todo ese tiempo, siempre tuve represarías conmigo mismo en cuanto a mi físico, en cuanto a lo que mis compañeros me expresaban e incluso mis padres me decían “hijo, estás muy gordo, tienes que bajar de peso”, ellos siempre decían que era por mi salud.

Tras pasar el tiempo mis malos hábitos alimenticios y mi vida sedentaria hicieron que no solo me cansara más a la hora de caminar o realizar actividades de cualquier tipo, sino que me salieran manchas oscuras en el cuerpo, me aparecieron ciertas grietas en la piel, sudaba mucho, pasaba mucho más tiempo con sueño, decaimiento y dolores fuertes de cabeza.

Me pregunté, ¿realmente tengo una vida sana?, sabía la respuesta pero no quería aceptarla, estaba consciente de que muchas veces me había querido poner a dieta, las iniciaba y a los días las dejaba.

A pesar de que toda mi vida he vivido en una familia de médicos no comprendía las palabras de mis padres y la preocupación de ellos hacia mí, entre mi segundo año de bachillerato y mi primer año de la universidad fue cuando visité la clínica del Dr. Chávez, en ese momento recuerdo que solo pase con la nutricionista, me puse en tratamiento y en dieta, al principio fue bastante difícil, como siempre no logré cumplir con mi meta de cambio de vida.

Entré a la universidad en el 2014 nuevamente dejé tirada mi dieta y el ejercicio, empecé a estudiar odontología, el estudio me consumía mucho tiempo, esa era la excusa para ya no hacer ejercicio, además de eso, la comida en la universidad no era muy buena (saludable), lo más común, lo más accesible eran las comidas rápidas y harinas, para mí no era problema, ya que me gustaba mucho todo ese tipo de comidas. Todo esto fue afectando aún más mi peso, mi salud, empecé a tener dolores de estómago, pensaba que era estrés o gastritis pero me con el tiempo me di cuenta de que era mi hígado, tenía problemas de hígado graso, los dolores de cabeza eran aún más fuertes pero nunca los asocié con el peso, me cansaba a la hora de hablar y con subir un par de gradas.

Mi padre al ver todo lo que tenía me indicó realizarme unos exámenes, tenía colesterol alto, las transaminasas elevadas, mi nivel de azúcar en ayuna estaba mal, en ese momento si me preocupé, regresé a la clínica del Dr. Chávez, él me diagnosticó “síndrome metabólico con resistencia a la insulina, más obesidad central grado dos.

Retomé mi tratamiento a mediados del 2016, para este entonces tenía un peso de 249 libras, no fue nada fácil, pero, poco a poco con ayuda del doctor y la licenciada logré alcanzar un peso de 204 libras, luego de esto recaí, no solo aumente de peso sino que recuperé mi peso inicial y aumenté aún más llegando a pesar 260 libras, me conformé con eso y me descuidé.

Tomé la decisión de cambiar mi vida a mis 23 años de edad, comprendí que si no cuido mi vida ahorita cuando sea mayor será peor, varias personas me lo habían dicho que era por mi bien, por mi futuro y quizá nunca les tomé importancia a esas palabras, al recaer y llegar a pesar 260 libras, entendí que mi vida no llevaba un buen camino.

Estuve yendo al gimnasio por cuenta propia con un amigo, fue así un par de meses, luego lo dejé poniendo como excusa mi estudio, en diciembre de 2018 volví a donde el doctor, tenía miedo de ir, ya que sabía que al verme me diría qué pasó y por qué regresé a mi peso, e incluso que había ganado más peso que la primera vez, me propuse firmemente hacer dieta junto al ejercicio, si me preguntan si fue fácil, la verdad, no lo ha sido; sin embargo me siento mucho mejor, actualmente estoy pesando 180 libras a menos de un año de haber retomado esta vida.

Muchos de mis amigos me preguntan, qué he hecho, por qué estoy así, a lo cual respondo que es por mi salud, entonces yo les pregunto a ustedes ¿Es imposible cambiar nuestros hábitos de vida?, ¿creen ustedes que es imposible lograr lo que yo logré?, y por último, ¿valdrá la pena realmente hacer algo por nuestra salud?

Concluyendo, les puedo decir que esta decisión es una de las mejores que he tomado, no es fácil un cambio de vida pero la verdad no me arrepiento de este proceso, hacer ejercicio me ha ayudado a concentrarme más, paso menos estresado, menos preocupado, mi cuerpo está más activo al igual que mi mente; aprendí a comer de manera balanceada, que no es necesario ir a un gimnasio para hacer ejercicio, ni matarse de hambre para querer bajar de peso, sino más bien educarnos a nosotros mismos, ser conscientes de nuestro problema y así cambiar nuestra vida para tener una mejor salud; pienso que la clave para un cambio de vida es la fuerza de voluntad, reconocer que existe un problema; no ha sido sencillo, pero, ha valido la pena, mis dolores de cabeza desaparecieron, mis exámenes están ahora en un rango normal, emocionalmente me siento mejor, todo ha cambiado para bien.

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