Te acerco algunas respuestas:

Quiero compartir esta experiencia profesional, pero sobre todo humana con mis amigos de El Salvador.

Hace una semana concurrió a mi consulta Rodolfo, gestor inmobiliario, quien se manifestó preocupado y alarmado por recibir el diagnóstico de esteatosis hepática durante una ecografía abdominal de rutina.

Rodolfo, tiene 54 años, es argentino, vive en Buenos Aires y trabaja con su computadora al menos 8 h al día; sale poco a la calle por temor a contagiarse de la COVID-19.

Cuando se presentó en el consultorio, corroboré que no me visitaba desde hace algo más de un año, prácticamente desde el inicio de la pandemia.

A Rodolfo le gusta googlear y me informa que está obeso ya que calculó su índice de masa corporal en 31  (peso / talla2 ).  (¿Ya calculaste el tuyo?).  Pero además se enteró de que la esteatosis hepática o hígado graso representa la acumulación de grasa en el hígado y que este exceso de grasa con el tiempo puede inflamarlo, enfermarlo y generar el NASH.

Y entonces… ¿Qué es el NASH?

El NASH es la hepatitis grasa no alcohólica y se relaciona con sobrepeso, obesidad, insulinorresistencia, diabetes, hipertensión arterial, sedentarismo, alteraciones del colesterol y triglicéridos. En algunos casos puede progresar a cirrosis y cáncer de hígado.

Rodolfo, inmediatamente, quiso saber cómo estaba su glucemia, insulina, colesterol, triglicéridos, ácido úrico.  Controlamos su presión que era normal. Medimos su cintura que estaba aumentada: 106 cm.

El hígado graso está íntimamente vinculado al síndrome metabólico o insulinorresistencia, que se puede definir con parámetros muy sencillos que les comparto en el gráfico de abajo. Pensemos que a mayor cantidad de criterios, más fuerte será la posibilidad de tener un hígado graso. Además, estas condiciones aumentan nuestro riesgo de padecer enfermedades del corazón e infarto cerebral.

También podemos medir el HOMA, que es un cálculo entre el azúcar en sangre y la insulina que producimos.  (HOMA= insulina x glucemia/405).

¿Cómo ayudamos a nuestro hígado?

Le propuse a Rodolfo un plan para mejorar su salud y sobre todo para prevenir enfermedades en el futuro.  Enseguida me comentó que ya había leído todo respecto al tratamiento, incluso acerca de la dieta mediterránea, pero que le costaba mucho hacer lo que internet le indicaba.

Lo más importante (y quizás lo más difícil) es el cambio del estilo de vida. Si somos capaces de observarnos a nosotros mismos nos daremos cuenta que a medida que pasan los años, modificar algunas costumbres resulta cada vez más complejo y nos genera resistencia.

Decidí acompañar a Rodolfo en este proceso de cambio y para ello tuve que adaptarme a ciertas condiciones de su vida personal y él aceptó; algunas de las opciones que le planteamos.

¿Cuál será tu desafío para sentirte mejor?

A Rodolfo:

  • No le gusta ningún deporte, pero aceptaría caminar todos los días con su perro que es muy activo.
  • No come verduras: aunque podría comer zanahoria y lechuga.
  • Necesita comer carne todos los días y no come pescado; sin embargo, el atún le gusta y lo incluirá en su dieta dos veces a la semana.
  • No desayuna, come poco durante el día porque está muy ocupado con sus reuniones en la computadora y en la noche, que está tranquilo y con mucha hambre, hace su comida más importante; afortunadamente está dispuesto a agregar colaciones a lo largo del día.
  • Agregamos aceite de oliva en poca cantidad (recordando que una cucharada de cualquier aceite tiene más del doble de calorías que una cucharada de azúcar).

Rodolfo me manifestó que ya eran muchos cambios y que trabajaría con ellos durante las siguientes consultas.

Luego de unos meses agregamos colaciones con un puñado de nueces, modificamos el arroz blanco por integral y agregamos algunas legumbres.  Bajamos el consumo de alimentos ultra-procesados (hamburguesas, salchichas, snacks, gaseosas, galletitas, etc.).

Encontremos la fuerza para sentirnos muy bien.

Rodolfo pensó que no iba a tener la fuerza de voluntad para lograrlo pero la incorporación gradual de los cambios y el apoyo del equipo profesional durante los momentos de recaídas hicieron que hoy su hígado se mantenga sano, logró bajar un 5% de peso, y lo más importante, se siente feliz por estar más activo y orgulloso de haber cambiado su vida.  Nuestro amigo, el hepatólogo, a quien consultamos desde el principio, lo felicitó y le propuso espaciar los controles médicos.

Por supuesto, además del plan alimentario y la actividad física tenemos algunos fármacos que han demostrado beneficios en el hígado graso cuando se utilizan para el tratamiento de alguno de los problemas de salud relacionados al síndrome metabólico y la insulinorresistencia, por ejemplo:

  • Tratamiento de la diabetes, prediabetes y obesidad: metformina, pioglitazona, liraglutide, semaglutide, exenatide, dulaglutide, empagliflozina, dapagliflozina, canagliflozina, etc.
  • Tratamiento de la dislipidemia: rosuvastatina, atorvastatina, etc.
  • Se encuentran en estudio numerosos fármacos específicamente diseñados para tratar el hígado graso y el NASH, pronto conversaremos acerca de ellos.

En el camino de cuidar nuestra salud, tendremos desafíos permanentes que nos comprometen a cambios en todas las etapas de nuestra vida.  La buena noticia es que no te encuentras solo/a sino que hay un equipo de profesionales que deberás ir eligiendo para que te acompañen.

 

Un gran abrazo desde Argentina.

 

CategoríaHígado graso, Obesidad

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