Más de la mitad de los años de mi existencia los he vivido con diabetes. Esta enfermedad es una especie de legado que mis padres me heredaron. Cuando me notificaron sobre este padecimiento había muy pocos conocimientos sobre las causas que la producen, así como mínimos avances sobre su tratamiento y el cuidado de esta condición.

Tener la enfermedad se asemejaba, de manera negativa, a un sorteo de lotería, donde uno se gana el premio mayor, o al menos saca terminación. Ello conlleva una afectación individual, familiar, emocional, laboral, económica, en los estilos de vida y en las atenciones que se deben recibir para mantenerla controlada.

Inicialmente, en la etapa de aceptar vivir con la enfermedad es difícil acatar las indicaciones que nos dan los profesionales de la salud; ir contracorriente a sus recomendaciones me generaba estrés, angustia y dificultades en reconocer los signos y síntomas que produce la enfermedad. Creo que una de las fases más difíciles es admitir y reconocer que esta nos cambia la vida y la de nuestros seres queridos; y sobre todo asumir responsabilidades que nadie más puede hacer que uno mismo; cuando se es joven no medimos las consecuencias y creemos que no habrá efecto negativo de nuestras acciones en nuestro cuerpo.

El hecho de tener hijos y la incertidumbre de morir joven, o ser una carga por ser dependiente, genera desesperanza, por no verlos culminar sus proyectos de vida, sus logros, sus aspiraciones, no conocer los nietos, en fin… padecer esta enfermedad entrecorta nuestros sueños y anhelos.

Pero como dice la canción, lo malo se aprende de prisa y lo bueno nos lleva una vida, así pasó con mi persona para conocer la enfermedad y autocuidarme. A mis 52 años haber puesto mi salud, mi vida en manos de los profesionales de CCM, ha sido un milagro, aunque haber tomado la decisión de hacer algo por mí y para mí, me llevó 27 años, mismos que tengo de padecer la enfermedad; durante este tiempo nunca había experimentado tener la oportunidad de tomar el timón de mi vida con calidad, no había asumido la responsabilidad de mantenerme en control y regular mi peso. Hoy día, he cambiado mis hábitos de alimentación, sin extralimitar mi presupuesto, aumentado mi actividad física, de manera tal que he percibido mejoras en mi salud, lo cual ha contribuido a mi autoestima, aceptación, y armonía en mi hogar, trabajo y demás escenarios donde interactúo.

La diabetes me ha afectado los pies, padeciendo de pie diabético, he perdido un ojo a causa de esta enfermedad, tal vez algunas personas aún estén a tiempo de poder desaprender y aprender de nuevo y adoptar un nuevo estilo de vida.

Las personas que padecen de diabetes o de otras enfermedades crónicas no transmisibles, creo se sienten identificadas con lo que les comento. Con estas líneas quiero motivarles, que así como yo atravesé por estas dificultades, estas son superables y pueden cambiarles sus vidas; esa es mi exhortación y además no perder la oportunidad de conocer CCM, este año a pesar de tantas vicisitudes, es lo mejor que me ha pasado y estoy aprendiendo a disfrutar la alegría y bienestar; dense la oportunidad por su vida, por su salud y por su familia.

 

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